El Sistema del Diseño Humano como síntesis de lo científico y lo esotérico.
Desde el principio de los tiempos el hombre ha intentado descifrar el poder sobrenatural de las fuerzas que dirigen los ciclos de la vida. Disponemos de sistemas milenarios como el I-Ching, la medicina China, la astrología, etc., que aportan una gran cantidad de información al conocimiento del ser humano. En los últimos tiempos el desarrollo de las ciencias modernas basado en los avances tecnológicos nos ha permitido profundizar en la física astronómica, la biología, la genética, etc.
El Sistema del Diseño Humano es una estructura de conocimiento donde convergen estas dos líneas de pensamiento. El cuerpo gráfico del SDH, es un mapa para entender lo que nos hace iguales y lo que nos distingue de los demás. Es un cuerpo global donde cada uno tiene su lugar y encaja con el resto de la totalidad. Un punto donde convergen culturas milenarias y ciencias modernas.
Lo que tienen en común la genética y el I-Ching es su base matemática, partiendo del binario, 1/0, activo/no activo, Yang/Ying, construimos una estructura de 2, 4, 6, 8, 16 y 64. Existe una correspondencia demostrada entre los 64 exagramas y los 64 codones del mapa del genoma humano. El cuerpo gráfico del SDH es un campo integrador donde cada uno de los 64 exagramas, a los que llamamos puertas, se relaciona con un lugar específico de nuestro cuerpo y sus correspondientes funciones biológicas.
El conjunto de puertas que tenemos activas; liberando consistentemente la bioquímica de nuestro cuerpo, y las que no tenemos activas; allí donde somos receptivos al condicionamiento positivo y negativo externo, configuran la estructura, el vehículo del que disponemos para movernos por este mundo, que determinará con sus limitaciones y potenciales la experiencia de la conciencia, lo que creemos que creemos que somos, del pasajero que habita en cada cuerpo.
El SDH postula que cada uno de nosotros es único y viene con un propósito a esta vida. Las características de nuestro vehículo, nuestro cuerpo, y el entorno en el que nos desplazamos determinaran si alcanzamos ese propósito o no. La activación de las puertas, depende del programa evolutivo existente en el instante del nacimiento.
La base científica sobre la que se apoya el SDH para explicar la influencia del sol y los planetas en nuestra impronta genética, que los neutrinos tienen masa, ha quedado demostrada por diversos experimentos nucleares, gracias a los cuales Raymond Davis y Masatoshi Koshiba recibieron el premio Novel en Física en el año 2002.
Los neutrinos son la partícula más abundante del universo, tienen masa, y son el elemento transmisor de nuestra conciencia colectiva. Vivimos inmersos en un océano de neutrinos, la mayoría de los que llegan a la tierra provienen del Sol; la masa de estas partículas al friccionar sobre los planetas se “tiñe” de información que es leída, instantes después, en nuestro cuerpo a través de los “cristales” de diseño y personalidad, que son los receptores capaces de descodificar esta información. El “monopolo” magnético es la pieza que nos mantiene en nuestra geometría a lo largo de este maravilloso paseo por el espacio con la ilusión de nuestra separatividad. La idea mística del todo como unidad queda demostrada científicamente al poderse cuantificar una masa que da consistencia al cuerpo del que todos formamos parte.
